Lanzarote es Vino Vivo, melodía pausada de una herencia noble que cree en su clima subtropical seco gracias al ingenio de anteriores generaciones.
Su pueblo se hizo aliado de las arenas volcánicas para ganar hasta la última gota a una climatología adversa, y se ha forjado en permanete lucha con las escasas precipitaciones hasta lograr descifrar los secretos del frescor que aporta la noche.
Oculto en algunos casos, hasta diez metros de profundad está el antiguo suelo, el manto fértil, en el que se hunden sus raíces veteranas y renovadas cepas.
